El cuerpo diplomático

Si la bimba nació el 1 de septiembre de 2014 a las 17.00 h., a las 17.15 h. se presentó A. a estrenar la casita del washi tape. Desde entonces es embajadora, y vierte toda su diplomacia en polinizar las maravillas de esta cinta que la estiras y aparecen erizos, jardines botánicos o las fases de la luna. “Aunque mi favorito es el primero que me compré, éste, el de florecitas. Dame otro que siempre lo regalo.”

Antes de comenzar la clase de yoga, coloco discretamente el cartel con la programación de los talleres atentos:

  • ¿Estos son los talleres de marzo?, pregona J., es profe.
  • ¿Qué talleres?, dice P., es compañera de esterilla.
  • ¿Pero no conoces? Explícale, papelera.
  • Es que tengo una papelería y hacemos…
  • ¡Es un templo, tienes que ir a verlo!, responde, el embajador con turbante.

Barro, escribo correos, atiendo las cosas propias de papelera. Una señora contempla el escaparate. Me parece bien; yo también lo hago. Por detrás aparece P., es profe en un cole cercano, muchos recreos los pasa en la tiendita. Regatea a la señora y le abre la puerta:

  • En caso de duda, siempre entrar.

Pone la señora cara de vaya par de chaladas, recorre la tienda con el bolso agarrado y se pira, mientras me orino con la embajadora, que viene a por unos sellos para su siguiente clase: “Ah, y dame unos flyers para el camino.”

Y así, veces y veces. Adonde yo no llego, ahí están los embajadores atentos, un cuerpo diplomático loco y exagerado que habla, comparte, y representa a lo atento con devoción.

A punto de bajar la persiana, la bimba ya en pijama, entra corriendo una clienta. Pide disculpas por las horas, va derecha a por el papel de mimosas, lleva los 2,50 en la mano y se despide: “Gracias por abrirnos Atentamente.” La próxima vez que venga, que no se me olvide entregarle sus credenciales.

 

 

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La pulsera de la esperanza (chica)

Los clientes atentos se igualan por lo atento. Traigan la pedrá donde la traigan…

  • Habló la cuerda.
  •  Pues también.

…todos comparten una característica que los identifica: el aprecio por lo bello, por lo bueno, por lo atento. Algunos, además, comparten el nombre.

Está E. Grande, que es toda una señora, con sus hijos, con sus nietos, con su pelo cortito y siempre bien marcado. Hace encuadernación en talleres para mayores, y un día aparece por la tiendita a buscar papel para encuadernar. Le recomiendo, claro, papel italiano, porque es fácil de trabajar, y hermoso de mirar. Me pregunta el precio; le digo; le parece caro; se lo piensa y al final lo compra. Le hago una pequeña rebaja, nos sonreímos, se va.

A los días, aparece con una caja que ha confeccionado usando el papel. Le ha quedado preciosa. Añade, muy satisfecha: “Y mira qué vídeo le ha hecho mi hijo.” Entonces, saca su móvil, abre el wasap, y pincha un enlace que lleva al YouTube, ¡donde se ve el proceso de confección de la caja! Yo me quedo turulata.

Y está E. Chica, una joven estudiante china, que se enfurruña —levemente, a lo oriental— cuando descubre Atentamente: “¡Pero por qué ahora si llevo meses aquí!” Mira todo, le gusta todo, suspira por todo. Compra unos washis, unas bolsitas de regalo, y al marcharse, susurra: “Me gusta tu voz.” Yo me pongo roja.

A los días, vuelve: “Te traigo un regalo.” Reconozco la bolsita y reconozco el washi. La abro y encuentro una carta llena de cariño, y una pulsera: “La he hecho yo. Es roja porque este año es el año del mono, y hay que llevar cosas rojas para que nos vaya todo bien, para tener esperanza.”

Y yo me pongo mi pulsera de la esperanza, pero la tengo ya conmigo: la grande, y la chica.

 

 

 

La maravillosa historia de niña guitarra y niña caracol

Esta es la historia de dos niñas. Una de piel blanca y otra negra, una con guitarra a la espalda y otra, con caracolitos en el pelo. Dos niñas de ojos curiosos. Dos niñas que no hablan; ¡exclaman! Dos niñas que, de camino a su clase de música de los miércoles, deciden una tarde entrar en la tiendita de papel.

  • ¡Hola! ¿Te acuerdas de nosotras?
  • Pues…
  • ¡Te vimos en el mercadillo! —aquel en el que decidí ser feriante—. ¡Qué escaparate más chulo! ¿Podemos entrar?
  • Pues claro.

Empiezan a corretear: “¡Mira, los waaashis! ¡Mi prima tiene cinco! ¿Cuánto cuesta el más barato?”, pregunta como un riff de guitarra la niña guitarra. Trato de contestar, cuando suspira lentamente niña caracol: “Este cuaderno de lunares… ¡Es precioooso! Le voy a decir a mi padre que me dé la paga los miércoles y así…” Interrumpe su amiga: “¡Ven, ven! ¿Has visto los sellos? ¡Pero qué boniiiitos son!”

Les dejo que disfruten descubriendo las cosas atentas, mientras continúo con los pedidos, los correos, la merienda de la bimba… Pero es del todo imposible. Niña guitarra es una melodía de acordes mayores:

  • ¡¿Y esto qué es?!
  • Son siluetas de madera para decorar…
  • ¡Pero son maravillooosas! ¿Y esto?
  • Una plegadora. Se usa para encuadernar, también para plegar…
  • ¡Qué cosa tan bonita! ¿Y esos libros?
  • Son para colorear.
  • ¡OOOOH!

Niña caracol, mientras, sigue abrazada al cuaderno de lunares. Asiente con entusiasmo todo lo que su amiga señala, pero parece tener claro cuál es su cosa atenta más favorita.

  • Oye, ¿qué hora es?
  • Las seis menos cinco.
  • ¡Tenemos que irnos a clase!

Niña caracol dice adiós a su cuaderno, “la paga, le voy a pedir a papá la paga.” Niña guitarra se tropieza con la caja del papel italiano, “Ups, perdón, ¡pero qué papel tan increíble!” Salen de Atentamente agitando fuerte la mano, y todavía, desde el escaparate, se despiden una vez más.

Por ser ya casi de noche, destaca aún más la luz; la luz que desprenden, los miércoles de otoño, niña guitarra, y niña caracol.

Paulocoelhadas las justas

Tardaremos varias generaciones en recuperarnos del destrozo. Del destrozo causado por coachers, pauloscoelhos, y misterwonderfuls. Esto de que puedes ser feliz si te empeñas en perseguir tus sueños caminando de la mano no atrás ni delante sino juntos mirando hacia el infinito que si te caes alégrate que lo importante es levantarse… Qué peña más cansina.

Pues estos mensajes de empecinada felicidad también se filtran en el universo de las manualidades —se dice crafting; lo que sea—. La tiendita de papel no está libre del taladro motivador: hay unos sellos de silicona que estampan mensajes de alta exigencia: “Cada día es una oportunidad para volver a empezar” (sic); washis que nos obligan a que tengamos un día pero que muy feliz; pegatinas — se dice stickers— que recalcan la persona tan-tan-supertán especial que somos. Leo, pasmada, la receta de la vida, impresa en un papel de scrap —nota mental: escribir otra servilleta sobre terminología tónter—: “Ama las cosas bonitas de la vida.”

Personalmente, este Hazte Tú Mismo tu propia felicidad me da un poco de cosa chunga. A veces pienso en el negocio que serían sellos que dijeran: “Puto coñazo; aburres a las ovejas; a la mieeerda!”, porque no es posible, ni sano, ni necesario estar siempre feliz. Y lo dice una papelera que se ha inventado una tienda que es una bimba y que recibe cariño a sacos de la corriente atenta. Pero, ¿qué pasa si tenemos días, semanas, años, la vida entera hecha unos zorros? ¿No se puede hacer un álbum con recuerdos tristes, no hay sellos con las frases que se nos clavan, algún washi con el que pegar nuestras cagadas?

Por fortuna, y para contener el flanco de los cacharros sobrepasados de felicidad, hay también en Atentamente papel discreto, ilustraciones complejas, libros exigentes, y austeros cuadernos en blanco, que nos dejan contarles historias tristes, el barro que somos, nuestras pequeñeces, lo que nos dicte la cabeza, las tripas, y el corazón. Y si aparece algún paulocoelho animándonos con la pandereta… también valen para dar cuadernazos, muy atentos.

Una decisión impopular

(Conversación telefónica con el gestorabuelo atentoporteador de táperes)

  • Es que con los libros no tengo este problema.
  • Ya, nena, porque tienen precio fijo. Pero, ese problema, en realidad, para ti es una ventaja porque tu washi es muy exclusivo, y lo exclusivo lleva otro precio.
  • Y encima, justo ahora, que la bimba cumple un año. Va a ser una decisión impopular.
  • ¡Precisamente! Con motivo del cumpleaños, se compra con más alegría. Y vas a hacer descuentos, así que, lo comido por lo servido.
  • Es que me sueño con las clientas atentas: entran felices, van como foguetes hacia la casita del washi tape, reparan en que han subido los precios, y puedo leer los subtítulos de por dentro de su cabeza: “Claro, así también me voy yo de vacaciones a Italia. Pues verás tú como le dé por ir a conocer al señor Kamoi.”
  • ¿A quién?
  • Al señor Kamoi. Es el japo fundador del washi. Se dedicaba a fabricar bobinas gigantes, y un día las cambió por los mini celos de papel de arroz, con dibujos bonitos y fácilmente removibles. Se lo saben todo, papá. ¿Pero no recuerdas la que se lió con el taller sopetón?
  • ¡Pues más a tu favor! Tus clientas ya lo conocen, lo adoran, y saben que el más bonito de toda la ciudad lo tienes solo tú.
  • Y que lo coloco precioso.
  • Y que lo colocas precioso.
  • Ya… La verdad es que este curso sube el alquiler del local, y la cuota de autónomos, he cambiado las bombillas a LED, y no veas la pasta que es lo del impuesto de basuras, y…
  • Y eres un negocio, nena. Y has construido una historia maravillosa en torno a tu tiendita de papel. Pero la historia y el negocio tienen que ir de la mano.
  • Vale.
  • En cuanto colguemos, te pones a cambiar precios.
  • Sí.
  • Que te comas las lentejas que te llevé la semana pasada.
  • Que sí.
  • ¿Vamos a por otro año?
  • ¡Vamos!
  • Y, nena. No olvides cuánto te queremos.
  • … (Y aquí, moqueando, empiezo a subir los precios del washitape)

Taller sopetón

No es bonito que la semana en la que se destapan casos de corrupción fiscal te toque pagar el IRPF y el IVA —no el trimestral, que estamos en recargo de equivalencia, sino el de operaciones intracomunitarias. Que se note que me empapo los boletines de Infoautónomos—.

Ni está bonito que la semana en la que haces pedidos con el culo apretao anuncien en el parte chubascos localmente fuertes.

O que te pegues las tardes comiéndotelosmocos subrayando los boletines de Infoautónomos porque no entra ni Christopher en la tienda de papel.

Emprender es bonito… y tremendamente desconcertante. Pasas de ser la embajadora del washi a que entren a preguntarte si eres una mercería; o si tienes fuego, guapa —aquí sonrío mientras en los subtítulos de por dentro del cerebro se lee veteatomarporculo,salao—.

En tales situaciones, es fácil dejarse llevar por el bucle de ay qué malito estoy y qué poco me quejo. Es incluso legítimo. Y es cuando, los que saben, aconsejan cambiar de dinámica, virar hacia otro sitio, poner la atención en otra cosa… o, en lenguaje atento, que te llegue un taller sopetón.

En el sofá, hace unos mediodías, leo en el móvil:

¿Te llegó el correo?

Tengo pendiente una visita a Zamora y de camino, si quieres,

podemos hacer un taller de washi tape en Atentamente.

Me caigo del sofá porque era un mensaje de la reina del washi herself, porque no me llegó el dichoso correo, porque me parece muy precipitado, y porque estamos en pleno bucle ayquémalito. Le contesto, por supuesto, que .

El taller sopetón triunfa como la cocacola: mujeres —y niño— acuden en aluvión; se topan con una montaña adhesiva de cuadritos, rayitas, puntitos, confetis; se olvidan de sus particulares bucles… y empiezan a jugar.

Y mientras les escucho reírse, pienso que la próxima vez que entre en el lastimerío, me pego un washi donde me duela, me tiro del sofá y me pongo, de sopetón, a jugar.