Flores fantasiosas

Hay en Atentamente flores y más flores: está la tinta de los colores de las flores; la pared de papel pintado, que es de flores; los cuadernos, las lámparas ; el librino con chapa ilustrado por Enrique… Flores. Es sabido: a la tiendita de papel le gustan ¡tanto! las flores.

Pues esta semana he recibido un ramo de flores.

Estaba ahí, a mis cosas de papelera, cuando llega el repartidor:

  • ¿Eres la tiendita de papel?
  • Oui, ç’est moi (sic)
  • (Qué lástima de chiquilla) Esto es para ti.

Es un ramo precioso: astromelias rosas, margaritas malvas, paniculata, unas bayas, ¿es eucalipto lo que huele tan bien? Busco la tarjeta, a veeeer… No hay. ¿No hay tarjeta? ¿Alguien me envía flores, y vienen sin tarjeta?

En realidad, sé bien quién las envía. Y creo que lo hace así para invitarme a fantasear.

Pues fantaseemos.

Son de Andrea. Italiano. Deportista. Apolíneo. Ha ido a Bassano, a la mismísima Fábrica Tassotti, para escoger personalmente la postal, que dice: “Cara mia, sei così bella come queste fiori.”

O son de Santi. Es catalán. Está demasiado flaco. Canta. Tarareo su diminuta caligrafía, escrita en papel de Capellades: “Será un reencuentro inolvidable en noche azul, sí, ya lo verás. Cuando me gire entre la gente, serás tú, sí, ya lo verás.”*

Deshago el avión de papel prensa, para leer a Jacinto, que improvisa unas palabras con la emergencia de las redacciones de periódico: “La belleza de la selva pluvial es sutil, te va empapando; es como una mujer corriente que, cuando le da la luz de una determinada manera, aparece extraordinariamente bella.”**

Cortada de su bloc de notas, es Paul quien las envía, desde Prospect Park: “Lleva la cabeza alta. Que no te tomen el pelo. Pasea en bici por el parque. Ve mucho al cine. No te mates a trabajar. Haz un viaje conmigo a París. Acuérdate de lo mucho que te quiero.”***

Mi ramo, su olor -uhmm- es real.

Mis tarjetas, mientras las fantasee… también.

 

 

*Love of Lesbian, La noche eterna. Los días no vividos.

**Jacinto Antón, Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias, pp. 170-171.

***Paul Auster, Brooklyn Follies, pp. 299-300

Sí quiero

Me aleccionan con que, al comienzo de los negocios, hay que decir a todo que . Esto me recuerda el “por qué decir que no cuando puede ser que sí”, que a menudo decía las manos suaves que amé.

T., morena de Julio Romero de Torres, llega a Atentamente. Pasea por la tienda de papel. Sonríe. Me cuenta:

– Pues te vengo a hacer una propuesta.

– ¿Sí?

– Me caso dentro de una semana.

– ¡Sí!

– Y quiero que me hagas el ramo, con flores de papel.

– Sííí…

El ser humano es prodigioso. ¿Por qué de mi boca sale un despreocupado y sonriente sí, cuando pienso un mayúsculo no? ¿Por qué no le he dicho que vaya a M., mi florista más favorita, a que le haga el bouquet más bonito del planeta? Será que entiendo bien su chifladura, que agradezco la confianza puesta en esta papelera en prácticas. Y que es tan hermoso que quiera vivir su día llevando entre las manos aquello que tanto ama…

“Por qué decir que no, por qué decir que no”, voy rezando mientras busco una flor sencilla, papeles de origami, el mejor pegamento en barra, la plegadora… y me pongo a hacer flores under pressure. Me despierto a medianoche, soñando que, en pleno rito matrimonial ―”Yo, T., te tomo a ti, L., por esposo”―, los pétalos empiezan a desprenderse, ¡¡pop, pop, popopopop!! Con el pulso acelerado, voy a ver cómo están las flores. Duermen plácidamente.

Ya terminadas, las llevo de puntillas a M., entendiendo a los técnicos de embalaje del Prado como a mi prójimo. “Qué bonitas son…”, y empieza a menearlas, a apretujarlas, a sacudirlas. Pongo cara del grito de Munch del wasap. Se troncha. Las ata sin miramientos. Se desprende una flor. Empiezo a llorar. “A mí también se me rompen. Venga, pégala. No llores. O sí, no pasa nada. Y disfruta del paseo hasta Atentamente con tu ramo.”

He dejado este último párrafo para intentar contar la cara de T. Morena, luminosa, viva la novia guapa. Coloca el ramo entre sus manos. Dice, muy callandico: “Es mi sueño… Tienes que poner un cartel que diga: hacemos tus sueños en papel.”

Y yo me quedo llorando solo un poco, porque aunque a veces la vida te asuste, es mejor decirle que sí, que sí quiero.