¡Viva Pinterest!

Está de supermoda la papelería para eventos: invitaciones, meseros, mapas de ubicación, regalos de la novia, mesa con chuches —se dice candybar—, libros de firmas, árboles de huellas, sobres para la espiga…

  • ¿Esto último qué es?
  • ¿Ves la pasta que se da a los novios? Pues el sobre, para que vaya a juego con invitaciones, meseros, árboles de huell…
  • ¿Y esto?
  • Ay, qué poquito usas Pinterest.

Porque no hay novia o wedding planner que no dedique sus buenas horas a ese paraíso de la inspiración que es Pinterest. Entran en la tiendita, móvil en mano, “a veeeer, dónde estaba esto que te quería yo enseñaaar…” Y yo empiezo a temblar, a sentir mucha flojera, porque los caminos de Pinterest son inexcrutables.

  • ¿Qué te parece este cordel de yute para atar los sobres?
  • Muy bonito.
  • ¿Y este lacre con anillos, y estampado en rojo, ¡o en oro!, para cerrarlos?
  • Muy apropiado.
  • ¿Y fíjate qué monada, estos corazoncitos en papel kraft? Se podrían enhebrar por el cordel, y escribir Save the date, y la fecha de la boda, que es el año que viene, pero yo ya estoy mirando cosas. ¿Hacéis lettering? ¿Oye, me escuchas?
  • (Yo me arrastro a gatas hacia el atelier para hacerme dos vermús)

Aunque Atentamente tiene cuenta en esta red social, hace muchísimo que no la uso. Y reconozco que es una fuente de ideas inagotable, de propuestas irresistibles, con imágenes aspiracionales —quiero que mi boda sea en esta playa, con esta luz, y este novio—, pero ni a mí ni a mi móvil nos da la vida ni la batería.

Con todo, hago lo posible por que los sueños de Pinterest se vuelvan de papel. Y así, en los próximos meses, habrá invitados que reciban sobres confeccionados y caligrafiados a mano, que se abaniquen con paipais de maravilloso papel italiano, que arrojen conffetti en lugar de arroz, y la mesa de chuches luzca preciosa con banderolas y peonías de papel.

Así que, alzo mi vermú: vivan los novios… ¡Y viva Pinterest!

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Sí quiero

Me aleccionan con que, al comienzo de los negocios, hay que decir a todo que . Esto me recuerda el “por qué decir que no cuando puede ser que sí”, que a menudo decía las manos suaves que amé.

T., morena de Julio Romero de Torres, llega a Atentamente. Pasea por la tienda de papel. Sonríe. Me cuenta:

– Pues te vengo a hacer una propuesta.

– ¿Sí?

– Me caso dentro de una semana.

– ¡Sí!

– Y quiero que me hagas el ramo, con flores de papel.

– Sííí…

El ser humano es prodigioso. ¿Por qué de mi boca sale un despreocupado y sonriente sí, cuando pienso un mayúsculo no? ¿Por qué no le he dicho que vaya a M., mi florista más favorita, a que le haga el bouquet más bonito del planeta? Será que entiendo bien su chifladura, que agradezco la confianza puesta en esta papelera en prácticas. Y que es tan hermoso que quiera vivir su día llevando entre las manos aquello que tanto ama…

“Por qué decir que no, por qué decir que no”, voy rezando mientras busco una flor sencilla, papeles de origami, el mejor pegamento en barra, la plegadora… y me pongo a hacer flores under pressure. Me despierto a medianoche, soñando que, en pleno rito matrimonial ―”Yo, T., te tomo a ti, L., por esposo”―, los pétalos empiezan a desprenderse, ¡¡pop, pop, popopopop!! Con el pulso acelerado, voy a ver cómo están las flores. Duermen plácidamente.

Ya terminadas, las llevo de puntillas a M., entendiendo a los técnicos de embalaje del Prado como a mi prójimo. “Qué bonitas son…”, y empieza a menearlas, a apretujarlas, a sacudirlas. Pongo cara del grito de Munch del wasap. Se troncha. Las ata sin miramientos. Se desprende una flor. Empiezo a llorar. “A mí también se me rompen. Venga, pégala. No llores. O sí, no pasa nada. Y disfruta del paseo hasta Atentamente con tu ramo.”

He dejado este último párrafo para intentar contar la cara de T. Morena, luminosa, viva la novia guapa. Coloca el ramo entre sus manos. Dice, muy callandico: “Es mi sueño… Tienes que poner un cartel que diga: hacemos tus sueños en papel.”

Y yo me quedo llorando solo un poco, porque aunque a veces la vida te asuste, es mejor decirle que sí, que sí quiero.