Servilleta cumpleañera (I)

¡¿Un año?! Oigo visiones. Busco en el archivo, y sí, dice que ya ha pasado un año desde que escribí la primera servilleta, un poco antes de abrir Atentamente, para ir creando emoción-intriga-dolordebarriga ante la apertura de la tiendita de papel.

Es justo y necesario celebrar su primer cumpleaños de manera especial. Y mientras me planteo si contratar a Mario Testino para que haga unas foticos al blog… releo el servilletero entero.

¡No lo había hecho nunca! Recuerdo las primeras, escritas en el sofá de mi casa de ladrillo, servilletas-piloto en las que declaraba solemnemente las cosas importantes —”Atentamente es un modo de hacer las cosas, una forma de escoger papeles, sellos y tintas, una opción por ser amables tenderos, cordiales vecinos.”—

No entiendo a la gente que dice que no está bien reírse de sus propios chistes. A mí me hace muchísima gracia releer las servilletas de pequeñas catástrofes, como la del váter con delirios de grandeza, la puerta significada —esto es broma, querida, adoro todos tus portazos, gráciles y etéreos—, mis furias visigodas contra los iberdrolos, o los subtítulos que solo se leen por dentro del cerebro ante los de la peana.

Son muchas las servilletas que están garabateadas, de arriba abajo y aprovechando las esquinas, con las historias-regalo de los clientes atentos, los médicis, los romeros, enfáticos, callados… la corriente atenta. Me emocionan todas las servilletas donde aparecen los amigos, los abuelos atentos —”Nena, leo La Servilleta por el móvil. Pero no digas tacos.”—, y la abuelita Rosario —”Me gustan las naranjas y las pescadillas, si son pequeñicas.”— Su delirio, pinchado en el tablón del atelier, también cumple un año. Lo acaricio mucho. La recuerdo mucho.

Ya sé que hay blogs muy molones, con tutoriales que lo petan explicando cómo hacer scrap americano, encuadernación copta, o sellos al modo japonés. Le pregunto a la servilleta si quiere, como regalo de cumpleaños, un vídeo donde explique cómo imprimir facturas sin tóner. Se ríe, juguetona, y me responde, la muy cumpleañera, que su regalo será… Continuará.

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No saben que subí el Kilimanjaro

Yo intuía que ciertas intendencias previas a la apertura de Atentamente iban a ser prosaicas y tediosas. Por eso, llevaba en el bolso una piedrita del Kilimanjaro, para sentir su energía, y recordar que las cumbres se alcanzan si se suben pole pole.

Lo que no sabía es que hay intendencias mucho peores que el mal de altura, diseñadas para desfondar al personal, hacerlo enloquecer como Asterix en Las 12 pruebas, y generar mucha mala ostia animadversión hacia los oficinistas en general, y los iberdrolos en particular.

Iberdrola (día 1). 6 personas. 2 iberdrolos. 40 minutos de espera.

–       Buenos días, vengo a dar el alta de un local comercial.

–       Uf. ¿Eres la propietaria?

–       No.

–       Uf. ¿Has traído el IBI?

–       Pues no. Pero sí el contrato de alquiler.

–       No creo que me sirva. A lo mejor sí. Pero probablemente no. Empiezo a tramitarlo, pero me traes el IBI.

Nota mental: este infeliz no sabe que yo subí el Kilimanjaro.

Iberdrola (día 2). 5 personas. 2 iberdrolos. 35 minutos de espera.

–       Hola, traigo el IBI.

–       Ya no es necesario. Hay que abrir un expediente.

–       ¿Un expediente, por qué?

–       A ver, clase rápida de electricidad: al llevar tanto tiempo el local cerrado, se pierden los derechos, y para recuperarlos, hay que abrir un expediente.

–       Ya. ¿Y eso qué implica?

–       Más tiempo y más dinero. Yo ya sabía que iba a ser así, pero por cortesía inicié tu trámite, por si acaso.

Nota mental: aquí el cortés no sabe que…

Iberdrola (día 3). ¡0 personas! 2 iberdrolos. Sin esperas.

–       Uy, te llamé pero no lo cogiste.

–       No tengo ninguna llamada perdida.

–       Lo que sea: necesito el boletín del electricista, porque este del ordenador es ficticio (sic).

Nota mental: ¿y si le tiro la piedra a este gañán?

Iberdrola (día 4). 3 personas, dos niños en manada, 2 iberdrolos, 30 minutos.

–       El puto anhelado boletín.

–       Uf. Es fotocopia. No sé si te lo aceptarán. Si mañana te llamamos, es que sí lo han aceptado. Entonces vienes y –pausa dramática- sin esperas, firmas.

Iberdrola (día 5).

–       Como no me han llamado…

–       No, si el boletín lo han aceptado, pero es que el sistema no deja enviarlo. Espera que llamo, que pruebo, que le pregunto a iberdrolito… Anda… ¡Si lo estaba haciendo mal! Pues en 7-10 días tienes luz. ¡Next! (sic)

Y todavía no he empezado con Telefónica.

Pero no podrán conmigo.

No saben que subí el Kilimanjaro.