Quiero ser feriante

Desde la autoridad de quien ha ido a innumerables ferias —3—, puedo decirlo: quiero ser feriante. Es verdad que tienen una logística cansinísima: valorar si compensa cerrar la tiendita de papel; y si compensa, decidir qué te llevas; y cuando decides, organizar el tetris de meterlo todo en el coche más bonito y estrecho del mundo; para luego regresarlo, colocarlo, inventariarlo, y abrir al día siguiente, leve y sonriente, como si te hubieras pasado el finde en un espar —spa para los que hablen idiomas—.

Pero el durante es maravilloso. Y hace unos días, durante mi último mercadillo, decidí ser feriante.

Las organizadoras nos llevaron al patio de un museo, pusieron música bailonga, organizaron un fotomatón, un cuentacuentos, una peluquería, un concierto! Y luego, Lemarte y Lulu’s Vintage son brillantes, y generosas, y guapísimas.

Los vecinos de puesto fueron artesanos talentosos, originales y auténticos, como Marisa, o Gema, o Tatiana, o Alejandro, o Cris, o los jabones de sangusín… Y luego están Retales&Agujas, que hilan joyas, tricotan cactus, explican mil veces sus monerías, y ayudan a las feriantes novatas: te relevan para que vayas a mear evacuar mear, te sonríen para una foto del instagram, te pasan la loción lavamanos, y se comen un calipo.

Y los visitantes… Acostumbrada a la quietud de Atentamente, las ferias son Bershka: acude la corriente atenta, que quiere hacer gasto comprando lo que ya han visto quinientas veces; atentos 2.0 que lo saben todo de la bimba; personas que descubren que hay una tiendita de papel en su ciudad; guiris que se quedan dudosos sobre si comprar un cuaderno italiano, lo consultan con la almohada y aparecen al día siguiente. Incluso lloviendo, los visitantes miran a través de los plásticos que protegen el frágil material.

Porque llovió. En parte, pena. Y en parte, bien: la lluvia bendice, perfuma, matiza la luz, para que Raquel pueda hacer sus fotos maravillosas. Y mientras recogía a toda castaña, pensaba que la lluvia, en realidad, no desluce; que cuando algo es bonito, es atento, la lluvia tiene que estar. A lo mejor es que también quiere ser feriante.

Anuncios

Curriculum Vitae

Un negocio es negocio cuando cumple tres premisas:

– Tiene la carga de los extintores al día.

– Cuenta con amigos que aparecen con cervezas en los bolsillos.

– Recibe curriculum vitae.

Atentamente aún no es un negocio, pero le falta muy poquito: lo de los extintores es cuestión de días.

En apenas unas semanas, la tienda de papel ha recogido currículos dispares: una joven que se ofrecía como dependienta, una profesora de inglés, una señora que si conocía a abuelos para pasearlos ―muñequita del wasap que levanta los hombros―. También se han presentado talleristas que mostraban sus proyectos de scrapbooking, postales, bolsos, encuadernación… Da mucha alegría conocer a gente a quien, lo que mejor se le da, es hacer cosas bonitas.

Pero el mejor currículo, el mejor sin duda, me lo ha entregado una mujer divina, en mano, y a mano.

Es un día de mucho jaleo, y no puedo leerlo más que al final de la tarde, cuando ya apago las luces, pero no la música. Suenan piezas de Wagner. Me siento en el pupitre. Leo:

Estudios: “Disposición absoluta a aprender, partiendo del fondo de las raíces echadas en una familia rica en valores.”

Experiencia: “Desde el sentido común, pude organizar y gestionar mi empresa. No era administrativa, pero fui aprendiendo a serlo; ni enfermera ni geriatra, y supe hacer esos trabajos. Ni psicóloga… y aprendí leyendo a los que sí lo eran, para poder yo ayudar, para ayudarme a mí misma.”

Habilidades: “Cercanía. Responsabilidad. Disponibilidad. Ayuda. Discreción, discreción y discreción.”

Idiomas: “El amor, el amor, el amor. El servicio. La empatía. Ser amiga de mis amigos.”

Contactos: “Puertas siempre abiertas, las 24 horas del día, y brazos extendidos para abrazar y recibir.”

No es por causa de la música. Nada tiene que ver la estela que deja la luz, que se marcha de puntillas. Lloro porque esa formación la querría cualquier empresa, esa experiencia serviría en cualquier sector.

Pero resulta que ese currículo, hecho a mano, me lo entregaron, a mí, en mano.

Una mujer divina.

Divina y madre.

La mía.