Servicio secreto y atento

“¿Tienes tienda online, la tienes, la tieneslatieneslatienes?” “¡Nnnoooo!”, me despierto aterrada como el Munch del wasap. Ya sé que en el plan de empresa dije, ¿lo dije?, lo dije, que “en el trascurso del segundo año, el negocio crecerá incorporando la venta online.” Tienda online, tienda online, qué ordinariez. Aquí, lo que se estila es el servicio secreto y atento.

El servicio secreto y atento se activa con una llamada de teléfono, o un correo electrónico. Consiste en que X —que no vive en la ciudad—, quiere dar una sorpresa a Y —que sí, o no, depende del caso, jesúsquécristo—, y Atentamente hace de intermediario. La logística del servicio no es nada aburrida. Pueden llegar avisos inapelables: “Quiero el marcapáginas de la escrapera de pelo rubio”, o encargos difusos: “Quiero un cuaderno.” Hago fotos, las adjunto al mail/wasap, elige, lo envuelvo, me llega transferencia, lo llevo a correos/lo recogen en la tienda.

Es un servicio supersecreto, tanto, que a veces el destinatario no tiene ni idea de quién le hace el regalo. Hace unas semanas, una muchacha me explica vía mail que su amiga se marcha a Inglaterra, y quiere desearle buen viaje con unos sellos de evocación viajera. A los días, me escribe, simpática y agradecida: “Llegaron, llegaron. Y como no había remitente, ¡nos ha vuelto a todos locos por el grupo del wasap!”

Aún hay confeti en el suelo del último servicio atento. Llega un correo de alguien que está lejos y querría estar cerca. En esta ocasión, la afortunada tiene que recoger la sorpresa en la tienda. Llega intrigada, desenvuelve con mimo, saltan los confetis, se queda, sonriente y callada, ante su cuaderno de flores. “Creo que sé de quién puede ser…”, murmulla, y vuelve a sonreír. Guardo el secreto, sonrío yo también.

Seguramente, con el tiempo haga caso al plan de empresa y abra la tienda online. Será más eficaz. Y la logística mucho menos complicada. Ojalá también sorprenda, y emocione, y recuerde levemente al servicio secreto, y atento.

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Sí quiero

Me aleccionan con que, al comienzo de los negocios, hay que decir a todo que . Esto me recuerda el “por qué decir que no cuando puede ser que sí”, que a menudo decía las manos suaves que amé.

T., morena de Julio Romero de Torres, llega a Atentamente. Pasea por la tienda de papel. Sonríe. Me cuenta:

– Pues te vengo a hacer una propuesta.

– ¿Sí?

– Me caso dentro de una semana.

– ¡Sí!

– Y quiero que me hagas el ramo, con flores de papel.

– Sííí…

El ser humano es prodigioso. ¿Por qué de mi boca sale un despreocupado y sonriente sí, cuando pienso un mayúsculo no? ¿Por qué no le he dicho que vaya a M., mi florista más favorita, a que le haga el bouquet más bonito del planeta? Será que entiendo bien su chifladura, que agradezco la confianza puesta en esta papelera en prácticas. Y que es tan hermoso que quiera vivir su día llevando entre las manos aquello que tanto ama…

“Por qué decir que no, por qué decir que no”, voy rezando mientras busco una flor sencilla, papeles de origami, el mejor pegamento en barra, la plegadora… y me pongo a hacer flores under pressure. Me despierto a medianoche, soñando que, en pleno rito matrimonial ―”Yo, T., te tomo a ti, L., por esposo”―, los pétalos empiezan a desprenderse, ¡¡pop, pop, popopopop!! Con el pulso acelerado, voy a ver cómo están las flores. Duermen plácidamente.

Ya terminadas, las llevo de puntillas a M., entendiendo a los técnicos de embalaje del Prado como a mi prójimo. “Qué bonitas son…”, y empieza a menearlas, a apretujarlas, a sacudirlas. Pongo cara del grito de Munch del wasap. Se troncha. Las ata sin miramientos. Se desprende una flor. Empiezo a llorar. “A mí también se me rompen. Venga, pégala. No llores. O sí, no pasa nada. Y disfruta del paseo hasta Atentamente con tu ramo.”

He dejado este último párrafo para intentar contar la cara de T. Morena, luminosa, viva la novia guapa. Coloca el ramo entre sus manos. Dice, muy callandico: “Es mi sueño… Tienes que poner un cartel que diga: hacemos tus sueños en papel.”

Y yo me quedo llorando solo un poco, porque aunque a veces la vida te asuste, es mejor decirle que sí, que sí quiero.