Las alegrías, a voces

 Atentamente está cerquita de muchos coles: por las mañanas y a mediodía, una legión apresurada de padres dejan y recogen a sus bambinos. Habitualmente van con demasiada prisa como para entrar en la tiendita —con gran acierto, en mi plan de empresa, destaqué su ubicación como ventaja estratégica, pero no pensé en “¡Que te montes en el coche pero yaaa!”—

En estos mediodías exigentes de calor, grandes y pequeños parecen cansados de correr todo el año, y se conceden una tregua: charlan los mayores de sus planes de verano; los pequeños pululan por el jardín, corretean, saltan, se emplean en ser niños. Uno se arrima al escaparate, mete la cabeza, “¡Javieeer, que nos vamos!”, y se va.

A los días, entran niño y mamá. “¡Mira, mami! ¡Una goma que es un gorila! ¿Me la regalas para mi cumple? Yo me sorprendo, ¡te lo prometo! Suena el móvil de la madre:

  • Hola, cariño, sí, en la papelería. Cogemos el pan y vamos a casa.

Hoy es el padre quien viene a recogerlo. Como tantos, se afana por encontrar un sitio donde malaparcar. Yo me solidarizo con todo el que aparca en zonas dudosas y alegales. A punto de alunizar, frena justo delante del escaparate:

  • ¿Te importa? Es un momento.
  • Pues claro.

Vuelven al rato. El padre se mete en el coche y el niño, en la tiendita:

  • ¡Hola!
  • ¿Has estrenado tu goma?
  • ¡Sííí! Y me gusta también este boli de erizos, porque me gustan los erizos.
  • Porque son muy chulos.
  • ¿A qué hora te vas?
  • A las dos.
  • ¿Y cuánto falta?
  • ¡Javieeer!

Pasan los días, pasan los mediodías, se abre la puerta:

  • ¿Sabes?
  • Dime, Javier.
  • ¡¡Que me queda una semana para las vacaciones!!

Y lo dice con los ojos, con los brazos, a voces, superfeliz. Me contagio de su alegría, le doy un aplauso, se lo cuento a la bimba, aplaude también ella, y sigue pintando, un ventilador.

 

El qué y el quién

Escribo servilletas tras un ejercicio de autoexploración, hondo y comprometido, en la búsqueda de una voz genuina, necesaria, trascendente.

  • ¡Sigue, Immanuel Kant, queremos saberlo todo!

Vale. Escribo servilletas con el atropello habitual del emprendimiento y la chaladura natural de mi persona humana. Atrás queda la prehistoria atenta en la que podía escribir en el sofá de mi hogar de ladrillo, reposando cada palabra, valorando la importancia de esta coma, cambiando el orden de las frases, releyendo sin prisa.

Hay días en los que ni siquiera sé muy bien qué contar: he hablado de MRW, de los telefónicos, de que subí al Kilimanjaro, de la bimba, de sus  abuelos, de que hago yoga y bebo birras, en perfecto equilibrio de prana y apana. No tengo claro si esto servirá para el SEO,

  • ¿Qué es el SEO?
  • Que tus redes y tu blog sean tan guays que Google te ame y te recupere en primera posición.
  • Qué hermoso.

pero me gustan estas historias pequeñas. Además, el momento en que descubro el hilo por el que viene la nueva servilleta, doy palmitas, digo bieeeen, y disfruto mucho de la escritura aturullada.

Sí tengo, en cambio, muy claro el quién: escribo servilletas pensando en la corriente atenta, que las espera cada viernes o que se pone al día leyéndolas de cuatro en cuatro; la corriente atenta que me inspira historias, que sonríe con mis ocurrencias, que se emociona también. Y que las lee around the world: una de las cosas buenas que tiene el putowordpress procesador del blog es que te dice desde dónde te leen. A mí me maravilla saber que hay gente en Bolivia, Bélgica, Irlanda, México, Grecia, ¿Filipinas? que lee las cosas que cuento. Por eso no descarto, sé que va a pasar, que algún día se abra la puerta de la tiendita y se oiga: “Soy el de Filipinas. Me encanta la servilleta.”

Palabras dedicadas

De mi comunión, recuerdo el juego Enredos, la paella, mi careto de chinada en las fotos del recordatorio porque mi madre se empeñó en peinarme —”yo te peino, nena, dame una horquilla, cógela, dámela otra vez, ¿hay laca? Voy a por laca al súper”— y el libro de firmas. Aún lo conservo: era de tapas duras y nacaradas, con una niña rezando en la portada. Claramente no era yo. Iba superbién peinada.

Estos días vienen mayores buscando regalos para la comunión de sus pequeños. Una mamá y su hermana rodean la tiendita al tiempo que van encargando a lo loco: “De estas cajas, 9; de esos sellos, pon 3 de corazón, 3 de gatito y 3 que a ti te gusten, sí, claro, con sus respectivas tintas; de los carteles de madera, me llevo cuatro, ya pensaré para qué, y bolsas para chuches, 50.”

Me cuenta una chica que se ha escapado a la hora del café para comprar un detalle a la niña de una compañera de trabajo. Me cae bien esa niña porque ha pedido un cuaderno. Envuelvo para regalo uno de perritos que pasean sin prisa. Ella se marcha volando.

Frena un coche a la puerta. Entra una mujer azorada:

  • Necesito sobres color crema para estos recordatorios.
  • Claro. ¿Cuántos necesitas?
  • 100.
  • Lo siento, pero sólo tengo 44.
  • Vale, me los llevo, y me pides el resto. ¿Para cuándo estarán?

Llega el tíobueno. El tíobueno, su nombre lo anuncia, es un cliente de toma pan, que yo sé que viene a pedirme un morreo, y él disimula con no sé qué de un álbum para su sobrino. Se lleva uno en color kraft, y le estampo un beso, vale, un sello, en la bolsa de la tiendita.

Mi álbum nácar atesoraba hermosas firmas de las poquitas personas que vinieron a comer paella. Y aunque los mayores siguen ajetreados, en busca de la laca, me gusta comprobar cuánto les sigue importando dar con el papel que les dé sosiego, para dedicar palabras a sus pequeños.

 

 

Regalobajona y su antídoto

Envuelvo el regalo en papel de seda,

  •  ¿No sería mejor en tres paquetitos distintos?
  • Cómo no.

Los coloco en la bolsa,

  • ¿No la tienes más grande?
  • Pues no. Pero aquí va fenomenal, ya verás.

Cuelgo una etiqueta para que escriba el nombre de la niña. Cierro con washi.

  • Uy, yo creo que se va a despegar.
  • Qué va. Este celo es muy adherente, y mira qué bonito queda.
  • No sé yo… ¿Y si no le gusta? Tendrías que hacerme un ticket regalo.
  • Te lo preparo ahora mismo.

Pobre niña. Ella que reconoce la bolsa de Atentamente, que sin abrirla ya sabe que le va a gustar, que encima es grandota así que fantasea con que viene cargada de cosas bonitas. No va a poder disfrutar nada de nada porque le acaban de hacer: un regalobajona.

El regalobajona se reconoce porque: “Pónmelo pero no me convence; quiero que sea un regalazo; es que no va a saber utilizarlo; ¿esto es una mancha?; con todo lo que me llevo, ¡ya me harás descuento!”

Si arrimas el oído al regalobajona, aún rezuma: “Tengo una prisa horrorosa, ya lo envuelvo yo en casa; venga, hazlo tú si total me lo vas a cobrar igual; y ahora, ¿dónde meto yo esto?”

Por fin se marcha. Preferiría que no hubiera comprado nada, pero esto es un negocio, y tengo birras que beber y multas que pagar. Que se gaste la pasta. Menos mal que, entre queja y queja, he colado el antídoto. Me siento como las bailarinas del wasap imaginándolo:

  • ¡Andaaa!
  • No sé si te va a gustar.
  • ¡Seguro que sí!
  • Puedes ir por si ves alguna otra cosa.
  • Me encanta todo. ¡Muchísimas gracias! ¿Y esta tarjetita?
  • Es el ticket regalo, por si acaso.

Lo abre, y lee el antídoto: “Sí. Es un regalobajona, pero no se lo tengas en cuenta. Sacúdelo un poco al sol, y disfrútalo con alegría. Atentamente.”

Un trabajo alineado. Y una espalda

Estoy haciendo un curso online para…

  • ZZZzzzZZZzzz

reflexionar sobre mi trabajo, sobre cómo hacerlo mejor y más robusto, las cosas que tengo que cambiar y las que potenciar. Es un curso, lo dice mucho la profe, para alinear tu trabajo a tu vida.

Me encanta lo de alinear. Porque soy de estatura casi normal, siempre he caminado muy tiesina, con los hombros muy rotados, reduciendo curva lumbar, aprovechando cada uno de mis 159 centímetros.

  • ¿159? JAJAJAjajajaJAJAJA

Sin embargo, desde que decidí emprender que es bonito, noto como si en la espalda me hubiera salido una chepa emocional donde se agarrotan los miedos, las dudas, los sustos. “Hay que ser muy valiente para vivir con miedo”, escribía Ángel González. ¿Y cómo no sentirlo al gastar pastones en pedidos, cómo no tiritar haciendo números, no es natural que se te apriete el culo mientras meditas si es el momento de contratar a alguien? Estas interrogantes me achuchan, y pesan tanto las hijasdeputa que en ocasiones no me dejan enderezarme, levantar la vista, y tomar decisiones con la espalda fuerte y alineada.

Entonces, el camino del emprendimiento me da la respuesta. Aparece una clienta muy atenta, muy. Viene a comprar postales para bodas, las escoge invitándome a dar mi opinión, me cuenta que viene de ver una hermosa exposición, y acabamos hablando de un concierto de música clásica al que fuimos hace años, sin conocernos entonces ni ahora. O a lo mejor sí. Convenimos que las ciudades, para crecer, precisan regarse con música, arte, cultura. “Precisan tu tienda”, y se va.

Qué sabia es la corriente atenta, qué exigente y qué generosa. Y pienso que a lo mejor me encorvo en el primer paso de cada decisión que tomo sobre Atentamente, ¡es que es la bimba!, es lo mejor y más bonito que he hecho. Pero solo en el primer paso. Los demás, los daré convencida, confiada, sonriente, alineada con mi espalda, y con mi trabajo.

 

El hombre mÁs aLTo del mundo

Viene a la tiendita el hombre mÁs aLTo del mundo. El que más. Más alto que el Kilimanjaro, ¿he contado alguna vez que he subido el Kilimanjaro?

  • Tenemos digestiones lentas de tanto oírtelo.

Más alto que Tachenko y que Gulliver en Liliput, más que Alicia después de comer el agrandapastel, inmenso como la Montaña de basura de Fraguelrock. Por supuesto, mucho más grande que el representante de Artemio que, hasta ahora, era mi medida de todo lo alto que se puede llegar a ser.

Notas que estás frente al hombre mÁs aLTo del mundo cuando tiene que doblarse como un junco para pasar por debajo de la puerta; cuando, de tan alto, ya es cóncavo; cuando remata de cabeza la lámpara modernista, modo Sergio Ramos minuto 93. Yo, que soy de tamaño casi normal, le miro fascinada. También la bimba, que lo rodea como a la peana del David de Miguel Ángel.

  • ¿Tienes… unas gomas… que son azules, que valen para hacer sellos?
  • ¿Gomas de carvar? Ven que te las enseño.

Con dos zancadas le basta. Retumba un poco la tarima. Se lleva 3000 (vale, un par).

  • ¿Y papel para calcar?
  • ¿Cuántos necesitas?
  • 2000 (bueno, fueron 5).

Corremos bimba y papelera tras él, que ya está en la caja, junqueándose para pagar. Me fijo en sus manos: son las manos de un titán, de Hércules, ¡de San Cristobalón! Se lleva la compra en una bolsa más pequeña que la uña de su dedo meñique, vuelve a doblarse para salir —por eso está cóncavo, pienso, de tanto agacharse: para él, entrar significa la puerta pequeñita del Imaginarium—. Cierra la puerta, brrrrum, la lámpara se tambalea, nos quedamos mudas. Miramos el techo, crriiiiin, se abre una grieta. Y la vamos a dejar. A lo mejor, con un letrero: aquí estuvo el hombre mÁs aLTo del mundo.

Herencias

Yo nunca había tenido un negocio. Ni conocí a mi abuelo Sergio. Pero de él debo de haber heredado una habilidad natural para lo precioso. Mi abuelo tenía una tienda de tejidos, en un lugar de la Mancha. Él solito se ocupaba de buscar proveedores, colocar las piezas, manejarse con los paños de doble ancho, medir metros de tiras bordadas, llevar las cuentas, y atender exquisitamente a cada persona que entraba en su tiendecica. Una vez, sería verano, hizo para sus clientas unos paipáis de papel, como cortesía. Lo imagino acodado en el mostrador, apremiado por facturas, las penurias, el calor, pero sonriendo generosamente cada vez que se abría la puerta:

  • Buenas tardes, Nati.
  • Nos dé Dios, Sergio. Busco tela para coserme un vestido. Algo sencillico.
  • Claro. Pues precisamente acaba de llegarme de Barcelona una franela muy buena. Se la enseño.

Invoco a mi abuelo mientras hablo con la corriente atenta: vienen a la tiendita hipnotizadas por las cosas bonitas que comparto en las redes sociales, con ganas de comprar, y también de conversar. Y yo, que también tengo pedidos que hacer, correos que responder, llamadas por contestar —”¿Es MRW“?, lo dejo todo para disfrutar de Atentamente como si yo misma fuera clienta:

  • ¿Dónde tienes las cosas nuevas de Italia?
  • Mira, ¡mira! Son pliegos ilustrados, son postales con faros, cuadernos para mirar las estrellas.
  • ¡¿Pero y cómo aguantas tanta maravilla?!
  • Ya. Llevo toda la semana con dolor de barriga, como cuando te enamoras. Mira este papel. Se llama Pietro vuole volare.
  • ¡Ohhhh!

Se marchan los atentos, dichosos con sus joyas de papel. Que me recuerdan al paipai:

  • Tenga, Nati, una cortesía.
  • ¿Un abanico de papel?
  • Y da muy buen aire.

Abuela Nati lo guardó entre sus joyas. También mi madre. Y yo fui suertuda heredando de abuelo su gusto por lo precioso. Ojalá herede también su paipai de papel.

Italiano para papeleras

Yo entonces no dimensionaba. Entré en la Escuela de Idiomas despreocupada sin saber de lo solemne del asunto. La secretaria me ofreció dos sobres de matrícula para elegir: “¿Alemán o Italiano?” El idioma entonces era lo de menos; yo solo quería hacer algo que no fuera útil, que me distrajera, ¡ey!, a lo mejor hasta ligaba y limpiaba la mancha de mora. Allí pasé seis años indimenticabili.

Conforme iba aprendiendo la lengua, viajaba a Italia para chequear los progresos dal vivo: fui a Siena a dar unas clases ¡con el presente de indicativo!; me perdí pedaleando la Toscana por no tener claro destra-sinistra-dietro-davanti; hice mi ascolto más emocionante en misa de Reyes, en San Marcos, en Venecia; y ya, con subjuntivos, alquilé mi propia macchina para viajar por Cinque Terre y hasta cabrearme por las multas —cazzo— de aparcamiento.

Siendo papelera, las clases se complicaron, los viajes. A cambio, llegó una tiendita pequeña y bonita, y la llamé bimba, porque es eso, una niña de papel a la que le gustan los cuadernos, las ilustraciones, los rotus, el papel, sobre todo si es italiano.

Correos electrónicos, hace unos días:

  • In English:Hola! Soy la propietaria de un pequeño estudio de diseño, hacemos cuadernos, postales y papel ilustrado, vivimos en el norte de Italia y he encontrado Atentamente navegando por la red. Me gustaría mostrarte nuestro catálogo, por si te interesa.
  • In italiano: Hola! Muchas gracias por pensar en Atentamente. Vuestros productos son verdaderamente maravillosos. ¿Me puedes enviar el catálogo y condiciones de venta?
  • Ma chè bello che parli l’italiano così bene!

No tenía remota idea cuando elegía idioma en la escuela; no lo sabía cada vez que usaba el presente de indicativo en Siena; ni intuía nada de nada escuchando el órgano de San Marcos con los ojos cerrados… Pero ahora lo veo todo claro y precioso: lo que hacía aquel día era matricularme en italiano. Para papeleras.

 

 

Cómo escribir servilletas tristes

Me pregunta la abuela atenta por las servilletas, por cómo las escribo y cómo me da tiempo, en esta vida loca-loca-loca —Cfr. Pancho Céspedes— que arrastro.

Le cuento que las escribo con esfuerzo, y desde las emociones: muchas veces fascinada por la corriente atenta; a veces, chinada por mis desastres cotidianos; hay días que serena; hay otros, atolondrada; casi siempre tecleo y sonrío. Hoy estoy triste. Da igual si se me nota.

Le cuento que siempre las escribo los viernes, y siempre en Atentamente: repaso las cosas extraordinarias que he presenciado durante la semana en la tiendita, abro el putowordpress procesador de textos, levanto la vista, miro a la bimba, “¿Para qué sirve esto? Sirve para lo bello“, empiezo a escribir. Al tiempo, entran los atentos, les dejo que turuteen o turuteo yo con ellos si lo precisan. Se marchan. Vuelvo a teclear. Pincho en gmail a ver si alguien se ha apuntado al taller: nada, qué penita, va a haber que suspenderlo. Llega la cartera, trae una postal atenta maravillosa, la leo, me emociono un poco, se abre la puerta, me recompongo. Es P., otra atenta: “¿Qué tal estás?” “¡Muy bien!”, miento. Se lleva un par de cuadernos que prometen primavera. Entro al atelier a sonarme el moquillo, de nuevo la puerta, traen flores: jacintos y flor de cera envueltos en palabras y besos. Y ahora sí que se me caen unos lagrimones estupendos. Es mediodía. Guardo la escalera con la flor de mirto, apago las luces, escribo un rato más. Aprecio evidencias para la alegría, pero hoy estoy triste: será el taller que finalmente no ha salido, la cuesta de enero, esta ola de frío. Será que querría estar despidiendo al tío Mariano que nos ha dejado, y no he podido hacerlo porque soy papelera, y los viernes escribo servilletas. Da igual si son tristes.

Calendario de palabras

Enero: Año. Nuevo. Hoja. Blanco. Regalos. ¡Melchor! Roscón. Misión. Retos. Kadomatsu. IVA. ¡Achís! Jesús. Frío. Lanas. Té. Papel.

Febrero: Lluvia. Botas. Gotas. Cristal. Valentín. Patochez. Corteinglés. Amor. Flirteo. Tonteo. Lánzatecoño. ¿Rosas? OJacintos. Tequiero. Escrito. Tarjetita. Papel.

Marzo: Papelera. Terca . Correr. 21. Kilómetros. Sudar. Penar. Confiar. Ganar. Dorsal. Papel. Arrugado. Unabirrita. Brindar.

Abril: Baby Sitter. Bimba. Papelera. ¿Vacaciones? ¡Mar! Concierto. Unascuantasbirritasmás. Bien. Fetén. Jazmines. Pelo. Corto. Postal. Corriente. Atenta.

Mayo: Cumpleaños. Papelera. Mediasfuera. Margaritas. Peonías. Astromerias. Clavelinas. Hipérico. Eucalipto. Birrasparatodos. Ypapel.

Junio: Montoro. Pórtate. Piscina. Biquini. Blanquita. Primero. Morenita. Después. Noche. SanJuan. Hoguera. Quemar. Papel. Saltar. Fuego. Desear. Todo.

Julio: Campamento. Playa. Pueblo. Abanicos. Sudor. Siesta. Paseos. Descalzos. Grillos. Trasnochar. Besos. Amanecer. Café. Servilleta. Papel.

Agosto: Booking. Guiacampsa. Tripadvisor. Lonelyplanet. Maleta. Mochila. Bici. Tren. Libros. Cuaderno. Sinreloj.

Septiembre: Bimba. ¡Cumple3! Orgullo. Papelera. Gracias. CorrienteAtenta. ¡HagamosUnaFiesta! Vuelta. Cole. Cuadernos. Lápices. Todo. Nuevito.

Octubre: Otoño. Castaños. Castañas. Cucurucho. Papel. Vino. Vendimia. Finde. Hogar. Calcetines. Gorditos. Manta. Sofá. Peli. Tú. Yo.

Noviembre: Lluvia. Paraguas. Atascos. MultaCabrones. Depapel. Detalle. Cansancio. Inspira. Rutinas. Expira. Puente. ¿VamosaunSitio? ¡Vamos!

Diciembre: Hogar. Juntarse. Ausencias. Presencias. Muérdago. Besos. Chinchín.  Envolver. Envolverse. Recordar. Agradecer. Resumen. Año. ¿Palabra. Favorita? Atentamente.