Pasitos de bimba

Doy las gracias por las veces que ha sonado el teléfono preguntando si es MRW. He podido entrenar la paciencia infinita. Y gracias por las veces que no ha sonado porque se había autoaveriado. Así, he aprendido que las líneas de voz se saturan, ¿sabe, señora rubio?, pero se la he reubicado en otra con menor tráfico, y ahora recibirá una llamada para valorar mi servicio, que si no me pone un 10 es como si me pusiera un 0.

Gracias por la gotera que apareció un día y se quedó un mes. Mereció la pena la palangana, el agujero negro y el enyesado chapucero porque ahora tengo por amigos a albañiles y a fontaneros.

Y doy gracias a los vigilantes de la zona azul, que este año han sido muy comprensivos con mi concepto de aparcamiento en zona alegal.

Y gracias, gracias de verdad, al móvil que se murió, resucitó, y volvió a morir. Dejó el listón muy alto a su sucesor, que el pobre hace lo que puede, y ya se ha muerto una vez, el muyhijoputa. He aprendido que la tecnología es gremial y solidaria.

  • ¿Eso es todo, papelera?

Pues sí. Esto es lo más chungo que recuerdo, y después de mucho pensar. Porque repasando el año emergen maravillas. Veo papel: papel en forma de suaves pliegos italianos o consistentes hojas de scrap; papel de libros ilustrados y para colorear; papel de cuadernos y agendas y planificadores y calendarios. Veo también a la corriente atenta: la que peregrina a la tiendita desde siempre y quien la ha descubierto este año; corriente atenta que precisa papel para premiarse o para curarse; corriente atenta que envía postales, regala tes, trae a gente, cuida de la bimba para que la papelera pueda descansar —gracias, baby sitter—. Y veo, es que es más bonita…, a la bimba: la bimba que empieza a caminar y se me caen las babas, la bimba de mis canas, mis prisas, mis miedos, mis sueños.

La gotera moló. Pero este año guardo en mi corazón la imagen de la bimba dando sus primeros pasitos, uno, dos, ayquemecaigo, te sujetamos.

 

 

Una lotería muy repartida

  • Y nos encontramos con una de las afortunadas del día.
  • ¡Soy yo!
  • Felicidades por ganar la lotería de Navidad.
  • ¡Muchísimas gracias! ¡Qué emoción más grande!
  • ¿Nos puede decir cuánto le ha tocado?
  • ¡Un porronazo, yoquésé! Nunca compro lotería, pero este año tenía una intuición, que es la inteligencia sutil, ¿sabes?
  • … Claro, claro. ¿Y qué piensa hacer con todo este dinero?
  • Pues siempre he querido tener una papelería, pero no una de bolis feos y folios chungos: fantaseo con una tienda para enamorados del papel, de su suavidad, su olor, y de las historias y las emociones que desencadena. ¿Me puedes abrir el champán? Que ayer me hice la manicura y…
  • Traiga, traiga. Ya veo que es un proyecto bastante madurado. ¿Y cree que una papelería en estos tiempos funcionará?
  • Oye, ¿no serás de los tristes? No tengo ni la más remota. Pero repasa las cosas que nos decimos cuando usamos papel: que estoy superagusto de vacaciones y he visto esta postal y me recuerda a ti; que gracias por formar parte de este año que se acaba; que espero que en el siguiente sigas cerca y contenta; que te envío este cupón ¡porque este año fijo que nos toca!
  • ¿Y cómo va a compensar la influencia de Facebook o de Instagram?
  • Es que la gente está en las redes, así que las usaré como un escaparate chachi para que se asomen a la tiendita. ¡Ey! ¿Y si escribo un blog? ¡Chinchín!
  • Salud. ¿Y cómo imagina su tienda pasados los años?
  • Con los papeles más hermosos, los cuadernos más suspirados… Con música. Flores. Y gente sonriendo.
  • ¿Y se ha planteado que tenga un taller para aprender a hacer cosas con ese papel?
  • ¡Pero qué idea tan brillante! ¡Más champán! ¡Pero tutéame! ¿Cómo te llamas?
  • Me llamo F. ¿Y los clientes? ¿Cómo te los imaginas?
  • Generosos, divertidos, aten…

Tinoní Tinoní Tinonino

Calla, despertador de la muerte. ¿Estaba soñando que me había tocado la lotería? ¿Otra vez?

Escribe y te escribirán

“Ya no se escriben postales, ni cartas, ni declaraciones de amor. El papel está muerto, los cuadernos bonitos da pena usarlos, teniendo el móvil, ¿agenda paqué?” Así se expresan los tristes.

“Vengo a por postales de navidad. Ya vine el otro día a por unas cuantas, pero me he puesto a escribir, y veo que necesito más.” Así nos expresamos los atentos.

Es verdad que un grupo de wasap es más desenredado, que los correos electrónicos llegan más rápidamente, que etiquetar a unos cuantos en una foto del feisbuk hace ilusión. Pero no estamos hablando de notificar la navidad: hablamos de que me acuerdo de ti, quiero que lo sepas, y por eso te voy a dedicar mi tiempo, mi imaginación, mi cariño, y mi papel.

Hace unos días llevé a Correos 30 postales del petirrojo que anuncia la navidad, escritas una a una en el salón de mi hogar de ladrillo. Cuando acabé, me levanté del sofá serena, sonriente, feliz por haber pasado toda la mañana evocando a los míos. Y pensé: el papel hace bien a quien lo escribe.

Y si escribes, te escribirán: a la tiendita están llegando estos días preciosas postales de navidad: un papa noel de origami, un ciervo con mofletes blanditos, un abeto que parece un garabato… Ha llegado también la postal de E., de papeles azules, polvo de estrellas y un pajarito rojo. Buscando un sitio importante para ellas, decido colocarlas en el escaparate, sobre las cajas de regalos del escaparate efímero que ha pintado E.G. Verla dibujar es otro regalo. Y abriendo las postales, tocándolas, leyéndolas, me llega la alegría con que fueron hechas. Y pienso: el papel hace bien a quien lo recibe.

Y si un wasap muy deseado da gustico, qué no dará lanzar una postal al buzón, abrir el buzón y encontrar una postal.

 

Una estrella os escribirá

Como todas las navidades,

  • Solo llevas 3.
  • Ains, la pulcra.

aparece E. en Atentamente, y se hace la luz. Como su nombre, E. ilumina, guía, titila…

  • ¿Titila?
  • Ains, la erudita.

El primer año vino como una centella: buscaba sellos de renos. El segundo año parecía un cometa: quería troqueles de copos de nieve. Este año aparece veloz, con muchas dudas, y mucha luz.

  • Hola, E.
  • Qué tarde vengo este año.
  • ¿Traes alguna idea?
  • Traigo a mi marido.

Y empiezan a buscar papeles, sellos, tintas… Piensan, comparan, dudan, se aturullan. Ven el papel italiano de la partitura: “Ay, si hubieras estado hace cuatro navidades… Nos empeñamos en hacer la postal con papel de partitura, y como no encontramos nada, nos la pintaron a mano, la escaneamos, e imprimimos en cartulinas. Y no era una partitura a lo loco, que era un villancico.”

Escucho con disimulo papelero sus debates, me freno en ayudarles, y dejo que resuelvan ellos solos su misión navideña. No convencidos, se marchan con papel para dos prototipos, “él quiere en rojos, y yo en azules… Este año no llegamos”, se despide E. fugaz.

A los días, regresa y pide tintas en azules, parece que su prototipo se consolida. Y ya, en el mostrador, me lo explica: “Es que para mí, este jaleo de hacer las postales en familia, ES la navidad: juntarnos, pensarlas cuidadosamente, confeccionarlas en cadena, enviarlas a nuestros queridos. Porque aunque no los veamos el resto del año, esta postal sirve para decirles que les recordamos, que los tenemos aquí —se toca el corazón—.”

  • ¿Y esta postal del pajarito?
  • Es nuestro petirrojo, que anuncia la llegada del frío, y de la navidad.
  • ¿Sííí? Pues lo pienso proponer en cuanto llegue a casa: dibujar un petirrojo. Este año no acabamos.

Deja E. una estela en el suelo de la tiendita. Voy a por el cepillo, barro, y no me sorprende nada encontrar en el recogedor un montoncito de polvo de estrellas.

 

Una servilleta para I.

Cuadernos de florecitas: 6; planificadores de erizos: 3; gomitas de borrar: 70; washis: ¿cuáles sí y cuáles no? Rebufa la papelera frente a la logística del mercadillo navideño al que acude este puente. ¿Agendas No me da la vida?: Todas. A mí tampoco. Imposible escribir esta semana la servilleta. Imposible de toda imposibilidad.

Corre que suena el teléfono:

  • ¿Es MRW?
  • ¡Noooooo! Pues deben haber cambiado de número porque esto ya es otro negocio. Nada, nada, suputamadre no pasa nada.

Llega el pedido de Artemio: dos cajazas llenas de troqueladoras de renos, pincitas de calcetines, maderitas de copos de nieve impacientes por ser inventariadas. Nada, servilleta del alma querida, hoy no vas a poder ser.

¿Y este catarro que se me ha colado desde que me corté los pelos? Me rota como de oreja a oreja. Ya lo avisó la profe de yoga: “Estás muy guapa con el pelo corto, pero te has cargado todo tu cuerpo radiante.” Y así es. Yo ahora veo una servilleta, y me sueno con ella.

Entonces aparece I., que es clienta atenta de pelo corto y perfume amable:

  • ¿Oye, a ti no se te cuela el catarro por las orejas?
  • ¿Pero qué dices, papelera? Toma, te traigo esto.

Deshago el lazo, abro el paquete, y aparecen un montón de tes de nombres turcos. “Me los trae mi hermano, que vive allí. Como tú hablas siempre del té, pensé que te gustaría. Nada, es solo un detalle, para los talleres. Por cierto: que me encanta leer tu servilleta.”

Pause: a ver, papelera: ¿I. que te trae tes, que te presta taburetes para cuando los talleres lo petan, que un día te regaló un collar porque decía que se acordó de ti al verlo, que te propuso lo de las postales de navidad solidarias? ¿I. que trabaja igual que tú, y se constipa como tú? Ya estás abriendo el wordpress.

Tengo una clienta de pelo corto y perfume amable…