Paulocoelhadas las justas

Tardaremos varias generaciones en recuperarnos del destrozo. Del destrozo causado por coachers, pauloscoelhos, y misterwonderfuls. Esto de que puedes ser feliz si te empeñas en perseguir tus sueños caminando de la mano no atrás ni delante sino juntos mirando hacia el infinito que si te caes alégrate que lo importante es levantarse… Qué peña más cansina.

Pues estos mensajes de empecinada felicidad también se filtran en el universo de las manualidades —se dice crafting; lo que sea—. La tiendita de papel no está libre del taladro motivador: hay unos sellos de silicona que estampan mensajes de alta exigencia: “Cada día es una oportunidad para volver a empezar” (sic); washis que nos obligan a que tengamos un día pero que muy feliz; pegatinas — se dice stickers— que recalcan la persona tan-tan-supertán especial que somos. Leo, pasmada, la receta de la vida, impresa en un papel de scrap —nota mental: escribir otra servilleta sobre terminología tónter—: “Ama las cosas bonitas de la vida.”

Personalmente, este Hazte Tú Mismo tu propia felicidad me da un poco de cosa chunga. A veces pienso en el negocio que serían sellos que dijeran: “Puto coñazo; aburres a las ovejas; a la mieeerda!”, porque no es posible, ni sano, ni necesario estar siempre feliz. Y lo dice una papelera que se ha inventado una tienda que es una bimba y que recibe cariño a sacos de la corriente atenta. Pero, ¿qué pasa si tenemos días, semanas, años, la vida entera hecha unos zorros? ¿No se puede hacer un álbum con recuerdos tristes, no hay sellos con las frases que se nos clavan, algún washi con el que pegar nuestras cagadas?

Por fortuna, y para contener el flanco de los cacharros sobrepasados de felicidad, hay también en Atentamente papel discreto, ilustraciones complejas, libros exigentes, y austeros cuadernos en blanco, que nos dejan contarles historias tristes, el barro que somos, nuestras pequeñeces, lo que nos dicte la cabeza, las tripas, y el corazón. Y si aparece algún paulocoelho animándonos con la pandereta… también valen para dar cuadernazos, muy atentos.

Anuncios

Huele a Atentamente

Todos los manuales que lo cuentan, lo cuentan: el marketing olfativo es una cosa de mucho molar. Que tu negocio se reconozca por su aroma, y que ese estímulo suscite en tus clientes emociones, y que esas emociones estén conectadas con sus monederos… El marketing olfativo es tu amigo.

Antes, cuando iba a tiendas —como hacen las personas humanas que no tienen tiendas en las que se tienen que quedar para que vengan otras personas humanas, eh, que estoy muy a gusto, no es una queja, es una leve nostalgia— prestaba mucha atención a los olores. Y sin abrir un solo tocho de marketing olfativo, sabía que Atentamente iba a oler muy bien; aunque entonces no sabía a qué. Ahora sí.

Como es una bimba, la tiendita de papel huele necesariamente a colonia de bebé, una esencia amable que se mezcla con agua y se evapora en el humificador que me regaló mi querida M. Coloqué el cacharro debajo de la caja de fruta en la que descansa el equipo de música. Es por eso que, el perfume, tamizado por la madera y la música, destila ese olor tan rico.

Para ser mejor papelera, la papelera precisa flores. Mi floristera más favorita dice que tiene manazas salvo para hacer los ramos más bonitos del planeta. Depende de la estación y de lo que a ella le dé la gana, el escaparate se perfuma de lirios, astromerias, peonías, anastasias, clavelinas, falsa pimienta, hojas de roble, hortensias azules… Últimamente me las regala mi novio formal. Y llevan tanto cariño en cada pétalo, que solo pueden oler a maravilla.

Toda la tienda y todo el atelier se impregna con la corriente atenta, que deja un aroma cálido y fresquito, que se contagia y que te abraza y te hace cosquillas y te da ganas de bailar.

Y, sobre todo, día tras día, se perfuma con esencia de papel, con papel que se elige, se escribe, se dibuja, se colorea, se corta, se pliega, se troquela, se contempla, se acaricia, y se hueleatentamente.

Servicio secreto y atento

“¿Tienes tienda online, la tienes, la tieneslatieneslatienes?” “¡Nnnoooo!”, me despierto aterrada como el Munch del wasap. Ya sé que en el plan de empresa dije, ¿lo dije?, lo dije, que “en el trascurso del segundo año, el negocio crecerá incorporando la venta online.” Tienda online, tienda online, qué ordinariez. Aquí, lo que se estila es el servicio secreto y atento.

El servicio secreto y atento se activa con una llamada de teléfono, o un correo electrónico. Consiste en que X —que no vive en la ciudad—, quiere dar una sorpresa a Y —que sí, o no, depende del caso, jesúsquécristo—, y Atentamente hace de intermediario. La logística del servicio no es nada aburrida. Pueden llegar avisos inapelables: “Quiero el marcapáginas de la escrapera de pelo rubio”, o encargos difusos: “Quiero un cuaderno.” Hago fotos, las adjunto al mail/wasap, elige, lo envuelvo, me llega transferencia, lo llevo a correos/lo recogen en la tienda.

Es un servicio supersecreto, tanto, que a veces el destinatario no tiene ni idea de quién le hace el regalo. Hace unas semanas, una muchacha me explica vía mail que su amiga se marcha a Inglaterra, y quiere desearle buen viaje con unos sellos de evocación viajera. A los días, me escribe, simpática y agradecida: “Llegaron, llegaron. Y como no había remitente, ¡nos ha vuelto a todos locos por el grupo del wasap!”

Aún hay confeti en el suelo del último servicio atento. Llega un correo de alguien que está lejos y querría estar cerca. En esta ocasión, la afortunada tiene que recoger la sorpresa en la tienda. Llega intrigada, desenvuelve con mimo, saltan los confetis, se queda, sonriente y callada, ante su cuaderno de flores. “Creo que sé de quién puede ser…”, murmulla, y vuelve a sonreír. Guardo el secreto, sonrío yo también.

Seguramente, con el tiempo haga caso al plan de empresa y abra la tienda online. Será más eficaz. Y la logística mucho menos complicada. Ojalá también sorprenda, y emocione, y recuerde levemente al servicio secreto, y atento.

Le concedo este parking

Aparcar en Atentamente requiere A/ mucha pasta, B/ mucho tiempo, C/ muchas lágrimas. Mucha pasta para gastarla en la zona azul en el mejor de los casos, y en el peor, en multas y depósitos municipales, que el enemigo tiene las grúas muy largas. Mucho tiempo por si te niegas a pagar una multa más —este mes— y decides dejar el coche en algún rinche gratuito y lontano. Y muchas lágrimas, las que se te caen cuando ves libre uno de los 25 aparcamientos gratuitos, tan pegados a la tiendita de papel que se ven desde el escaparate.

Normalmente me muevo en la B. Y hace unos días, casi se cumple la C.

Hay un coche con las luces de emergencia aparcado en discapacitados —el viejo truco, la vieja multa—. Justo delante, otro coche que se marcha. Me alineo con el de las luces. Es una mujer. No parece inmutarse por el milagro vial que estamos contemplando. Bajo la ventanilla:

  • ¿Vas a aparcar?
  • ¿Sorry?
  • ¿Are you going to park there?
  • I need it!

La angustia de la guiri es la mía, así que le concedo ese parking.

Cuando vuelvo de los suburbios, ella sigue allí, sentada al sol. Me ve llegar a la tiendita como un Sputnik, y no he puesto aún la música cuando entra. Me agradece con una sonrisa, me cuenta que acaban de llegar a la ciudad, que su marido ha ido a buscar el hotel mientras ella intentaba aparcar. Le digo que es un aparcamiento excelente, y que cuando se marchen, me avisen. Nos reímos.

Al día siguiente aparecen los dos. Miramos su coche desde el escaparate, les aconsejo algún sitio bonito de la ciudad, compran cuadernos italianos y joyas de papel, me cuentan que se marchan tomorrow morning. Me apeno. Soy de apego fácil.

Esa mañana intento llegar pronto. Su coche aún sigue allí. Me pongo como que a hacer cosas pero con el rabillo del ojo vigilo el aparcamiento. Y son ellos quienes vienen de nuevo, a despedirse. Hablamos, y al marcharse, me preguntan el significado de Atentamente. “Kind regards, Yours sincerely…”, traduzco. Asienten, sonríen. Y pienso que para aparcar también se requiere D/ ser atento.

Quiero ser feriante

Desde la autoridad de quien ha ido a innumerables ferias —3—, puedo decirlo: quiero ser feriante. Es verdad que tienen una logística cansinísima: valorar si compensa cerrar la tiendita de papel; y si compensa, decidir qué te llevas; y cuando decides, organizar el tetris de meterlo todo en el coche más bonito y estrecho del mundo; para luego regresarlo, colocarlo, inventariarlo, y abrir al día siguiente, leve y sonriente, como si te hubieras pasado el finde en un espar —spa para los que hablen idiomas—.

Pero el durante es maravilloso. Y hace unos días, durante mi último mercadillo, decidí ser feriante.

Las organizadoras nos llevaron al patio de un museo, pusieron música bailonga, organizaron un fotomatón, un cuentacuentos, una peluquería, un concierto! Y luego, Lemarte y Lulu’s Vintage son brillantes, y generosas, y guapísimas.

Los vecinos de puesto fueron artesanos talentosos, originales y auténticos, como Marisa, o Gema, o Tatiana, o Alejandro, o Cris, o los jabones de sangusín… Y luego están Retales&Agujas, que hilan joyas, tricotan cactus, explican mil veces sus monerías, y ayudan a las feriantes novatas: te relevan para que vayas a mear evacuar mear, te sonríen para una foto del instagram, te pasan la loción lavamanos, y se comen un calipo.

Y los visitantes… Acostumbrada a la quietud de Atentamente, las ferias son Bershka: acude la corriente atenta, que quiere hacer gasto comprando lo que ya han visto quinientas veces; atentos 2.0 que lo saben todo de la bimba; personas que descubren que hay una tiendita de papel en su ciudad; guiris que se quedan dudosos sobre si comprar un cuaderno italiano, lo consultan con la almohada y aparecen al día siguiente. Incluso lloviendo, los visitantes miran a través de los plásticos que protegen el frágil material.

Porque llovió. En parte, pena. Y en parte, bien: la lluvia bendice, perfuma, matiza la luz, para que Raquel pueda hacer sus fotos maravillosas. Y mientras recogía a toda castaña, pensaba que la lluvia, en realidad, no desluce; que cuando algo es bonito, es atento, la lluvia tiene que estar. A lo mejor es que también quiere ser feriante.