El inventario es bonito

– ¿Quiere usted igualar el stock teórico con el real?

– Sí, ¿no? Aceptar, clinnnk.

Y entonces se escucha, around the world, a todos los programadores, a Bill Gates, a Enjuto Mojamuto: “¡Nooooooo!”

Todo el inventario, sinf, todo, con sus 931 artículos, a cero. A cero patatero.

– ¿Copia de seguridad ya vas haciendo, no?, pregunta J.A., el informático.

Sinf.

– ¡Nooooooo!

Empiezo a sudar. Empiezo a tiritar. Paso de la carita de Munch a la carita que chorrea lágrimas del wasap. “Mecagoenmipuuutamalasuerte”. “Cielos, qué contrariedad”, pienso.

Valor. Mi gestor –y abuelo atento– lleva semanas animándome a hacer inventario, porque, considera, “te ofrece una información muy valiosa de tu negocio.” Pues mira tú qué bien, que me voy a poner a recabar información valiosa a toda castaña. ¿Y qué hago: pongo cartel de cerrado por inventario? Qué ordinariez, si el inventario es bonito: la tiendita de papel estará abierta mientras cuento, y si hay ventas, pues descuento. ¡Muñequita flamenca del wasap!

Y comienza el inventario:

  • Alfabeto Mayúsculas Artemio: 2
  • Abecedario Mayúsculas Artemio: ¿eins? ¿Pues no es la misma cosa?
  • Papel de triangulitos verdes: 9
  • Papel de cuadritos vichi azul: 7
  • Papel de puntitos grises grandecitos -el inventario es bonito, el inventario es bonito-: 8
  • Washi samekomon matsu, washi shima ao, washi tsugihagi… Peropero, ¿qué manera de llamar a las cosas tiene esta peña nipona? ¿No sería mucho mejor decir washi rojo, verde, azul? ¿O washi kimono? ¿CandiCandi? ¿Murakami?

Y luego, que estoy en fase terca. Mis amigos diciendo: “¿Te cuento las postales?” Y yo: “Si me queréis, ¡irsen!”

Finalmente, acabo. En Atentamente hay 4895 cosas. Entre ellas, cuatro papeleras: la del atelier, la del baño, la de la tienda… y la que recaba información valiosa, no por haberla liado parda, sino porque el inventario… es una mierda es bonito.

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Volver pronto

Viene N. desde Parma, para dar abrazos de oso, llevarse un cuaderno pirata… y dejarme tremenda nostalgia italiana. Paseamos por la tienda, le muestro los papeles Tassotti –”¿Son de Bassano del Grappa? Pues si quieres visitar questa dita, ya sabes dónde tienes casa”-… Y me ahogo en tantissima nostalgia. Lo nota y me da otro abrazo de oso: “Volveré pronto.” Justo lo que yo quiero. Volver pronto. A Italia.

Porque Atentamente, antes de nacer, se sueña en viajes. En Francia, desde luego, frente aquella exquisita papelerie, belle, utile et inventive, de la Bretaña. Y, sobre todo, la tiendita de papel se fantasea en Italia. Fue durante el verano en el que casi nos derretimos dando pedales bajo el ferragosto toscano. Echamos pie a tierra en Florencia, y pasamos del Palazzo Pitti, la Piazza della Signoria y la Galleria degli Uffizi: solo queríamos birras Moretti. Junto al Ponte Vecchio estaba Signum, mi cartoleria soñada. Como no me la podía llevar, quise al menos comprar unas láminas. Como iba con alforjas de bici, puse al David de Michelangelo por testigo de que volvería a Florencia a por ellas.

Y volví.

Hace un año regresaba para subir la artrítica torre Garisenda de Bolonia, pedirle unos cuantos imposibles al santo Antonio de Padua, ser luthier tras salir del Museo Stradivari en Cremona, cenar con N. -abrazo de oso- en Parma… y desviarme hasta Florencia a por ¡mis! láminas: una vespa, una lambretta, una bici, il ponte vecchio, la cúpula del Duomo. Conté todo el rollo a mi homóloga italiana -“Es que yo ya estuve aquí, signora, pero en bici, mal”-, y se puso tan contenta como cuando yo vendo washi tape a palas.

Nostalgia italiana… Cómo no tenerla: si hasta quise que Atentamente se llamara cartoleria-atelier. Me encantaba ese flirteo de lenguas, pero era demasiada explicación para ser un buen nombre. A cambio, le digo cariñosamente bimba de papel, pues lo es: una niña pequeña y bonita que está aprendiendo a hablar: uno, due, tre

Qué tremenda nostalgia. Y ahora viene Vila-Matas a arreglarlo: “La hermosa Italia, al igual que la persona amada, está siempre más lejos, en otro lado.”

Quizás no conviene ambicionar: ya estuve en Italia, tuve cerca a la persona amada. Pero, a veces, solo a veces, las extraño. Es entonces que pienso que ya ha de quedar menos. Para volver pronto. A verlas.

 

La corriente atenta

Me chifla feisbuk. Como persona humana lo uso, fundamentalmente, para ligar. En este sentido, he alcanzado resultados dispares: ligar con quien no me hacía tilín, y padecer el silencioso desdén 2.0 de quien me hacía tolón. Como en la vida 1.0, vamos.

Siendo papelera, también aprecio mucho el feisbuk. Nadie me tuvo que convencer de las ventajas que las redes sociales ofrecen –visibilidad, identificación del público objetivo, comunicación directa, ligar…-, y con gusto cuido del feisbuk, del instagram, del twitter. Lo entiendo como una parte gozosa de mi trabajo que, con un poco de constancia, mensajes en positivonaturalidad, regala enormes gratificaciones.

Por ejemplos:

Un mes antes de la apertura de Atentamente, probé a jugar por feisbuk, invitando a quien estuviera de vacaciones a escribir  postales atentas. Nadie había pisado aún la tienda. Y, entre inventarios, montaje de muebles y retadoras altas de la luz puaj– empezaron a llegar postales desde Santiago, Baviera, London, los States, Ceilán…; de amigos y de familia, sí, y también de desconocidos, que sin saber qué era la tiendita de papel, ya decían que les gustaba [He tenido que colocar cuerdas supletorias para seguir colgando todas las postales que, aún hoy, siguen llegando.]

Hace unos días superamos los milypico atentos en feisbuk. Los manuales de marketing –y el sentido común y la educación- aconsejan agradecerlo. Sin prisa –estaba de vacaciones, tampoco se iba a abrir un cráter en las redes si pasaban unos días del acontecimiento planetario…- pienso en un concurso. Se trata de que la gente escriba por qué cree que es una persona atenta, bien a través del feisbuk o por carta. Comienzan a llegar decenas de comentarios: “Soy atenta porque doy los buenos días, porque sonrío, porque gracias está en mi grupo de palabras favoritas, porque creo que es contagioso, porque escucho con atención, porque utilizo con precisión el lenguaje, porque el mundo me hizo así…” Y comienzan ¡también! a llegar cartas escritas a mano. Algunas, con rotus y en postales de Atentamente; otras, con poemas y pajaritas plegadas; todas, en precioso papel, y con sus mejores palabras.

Vivo sorprendida y emocionada la corriente de cariño que Atentamente desencadena. De manera fluida por la red, más reposada en papel, con clientes generosos en palabras y gestos… Normal que vaya a trabajar como un balín, y tenga ganas de tirar confetis, de dar palmas y de silbar. Será que estoy imantada. Por la corriente atenta.

 

Everything reminds me on you

Apago las luces, meto el boj y el carrito de aromáticas, bajo la persiana, coloco el cartel de “Cerrado por vacaciones”, ¿¿beso la persiana?? Besar una persiana metálica es síntoma de:

1. Estar muy chalada.

2. Ser una cursi.

3. Precisar urgentemente unas vacaciones.

4. Las tres son correctas.

La 4.

Antes de Atentamente, las vacaciones eran con bici y alforjas, con mochila y crampones, eminentemente potrosas. Tras la llegada de la tienda de papel, las vacaciones pretenden una sola cosa: dormir. Bueno dos: dormir y comer ensaimadas, que para eso viajo a la isla de las ensaimadas bonitas.

El caso es que -entre bostezo y bocado- pienso en la tiendita todo el tiempo: si tendrá frío, si dormirá bien, si estará jugueteando con los cascabeles de las bolsas de navidad…

Me pasa, además, que todo me recuerda a Atentamente. Visito una exposición dedicada a Joaquín Sorolla. Miro mucho rato los pigmentos azules con los que teñía su mar -azul de montaña, azul cobalto, azul ultramar, azul de Prusia…- y me recuerdan las tintas de los colores de las flores.

Aprecio la Almudaina, la Catedral, la Lonja, los Baños Árabes. En Ca Na Cati meriendo café y, of course, ensaimada. Correteo las calles estrechas, y llego a La Pajarita, una tienda de ultramarinos exquisitos. Me importa menos que fuera la primera que vendiera Möet Chandon en la isla. Me importa mucho su parecido… a las pajaritas de papel japonés que revolotean en las estantería.

Como he dormido montones, recupero el lujo de leer varias horas seguidas -y no varios minutos seguidos, como los últimos meses-. Es un libro maravilloso de Juan Marsé, que M. me regala por navidad. Quiero agradecérselo leyéndolo en la playa, pisando arena, abrigada por el sol. Y lo termino… fantaseando con dedicar un taller a la Señora Pauli, y a sus Noticias felices en aviones de papel.

Estoy tan feliz, por que sea enero y esté en la playa… Y también porque todo lo que veo, todo lo que leo… me recuerda, atentamente, a la bimba de papel.

Listas cursis y apocalípticas

Hay en Atentamente dos tipos de blocs de notas para hacer listas: uno, para cursis, con flores y guirnaldas; otro, para apocalípticos, con tibias, calaveras, y mensajes finiseculares.

En tanto que soy una cursi bastante tremendista, estreno los dos blocs haciendo una lista de las cosas importantes para 2015, que si no las cumplo me caiga muerta ahora mismo:

1. Ser un poquito menos exagerada.

2. Hacer facturas a lo loco.

2.1. Afrontar el reto de convertirlas a PDF.

3. No sonrojarme si entra gente en la tienda de papel y me pilla pasando el aspirador, bailando o secando una lágrima. Estoy en casa.

4. Dejar de una puta vez de pagar multas de aparcamiento.

4.1. En este sentido, conviene aprenderse la matrícula del coche.

4.2. En última instancia, alegar ante la delegación de tráfico que soy analfabeta y confundo los números.

5. Especialmente cuando esté cansada, estar atenta a las historias que suceden a diario. Guardarlas como tesoros en estas servilletas.

6. Tener curiosidad por saber qué le ocurre al último halógeno de la derecha.

6.1. Tener determinación para querer arreglarlo.

6.2. Tener dinero para pagar un electricista y que lo arregle él.

7. Hacer un letrero con el horario, para cuando la persiana esté bajada.

7.1. Valorar si conviene hacer otros carteles para ocasiones en las que cerrar sea justo y necesario: “Cerrado por conciertazo”, “Cerrado porque he ido a correr con la vecina”, “Cerrado para follar polinizar amor”.

8. Ser condescendiente si hago cosas mal. Ser exigente para hacerlas bien la próxima vez -particularmente, en lo referido en el punto 2-.

9. Gritarme en el baño -mientras me maquillo con una mano y con la otra me aliso el pelo- lo valiente que fui al salir de la zona de confort y optar por la vida funambulista.

10. Arrimarme a los que saben, porque el que sabe, atrae. Quiero saber todo de las hojas, sean de papel, de cálculo, de magnolios, de té.

Y todos estos mandados se reducen a uno solo: cuidar cada día a los míos, como si fueran precioso papel.