Curriculum Vitae

Un negocio es negocio cuando cumple tres premisas:

– Tiene la carga de los extintores al día.

– Cuenta con amigos que aparecen con cervezas en los bolsillos.

– Recibe curriculum vitae.

Atentamente aún no es un negocio, pero le falta muy poquito: lo de los extintores es cuestión de días.

En apenas unas semanas, la tienda de papel ha recogido currículos dispares: una joven que se ofrecía como dependienta, una profesora de inglés, una señora que si conocía a abuelos para pasearlos ―muñequita del wasap que levanta los hombros―. También se han presentado talleristas que mostraban sus proyectos de scrapbooking, postales, bolsos, encuadernación… Da mucha alegría conocer a gente a quien, lo que mejor se le da, es hacer cosas bonitas.

Pero el mejor currículo, el mejor sin duda, me lo ha entregado una mujer divina, en mano, y a mano.

Es un día de mucho jaleo, y no puedo leerlo más que al final de la tarde, cuando ya apago las luces, pero no la música. Suenan piezas de Wagner. Me siento en el pupitre. Leo:

Estudios: “Disposición absoluta a aprender, partiendo del fondo de las raíces echadas en una familia rica en valores.”

Experiencia: “Desde el sentido común, pude organizar y gestionar mi empresa. No era administrativa, pero fui aprendiendo a serlo; ni enfermera ni geriatra, y supe hacer esos trabajos. Ni psicóloga… y aprendí leyendo a los que sí lo eran, para poder yo ayudar, para ayudarme a mí misma.”

Habilidades: “Cercanía. Responsabilidad. Disponibilidad. Ayuda. Discreción, discreción y discreción.”

Idiomas: “El amor, el amor, el amor. El servicio. La empatía. Ser amiga de mis amigos.”

Contactos: “Puertas siempre abiertas, las 24 horas del día, y brazos extendidos para abrazar y recibir.”

No es por causa de la música. Nada tiene que ver la estela que deja la luz, que se marcha de puntillas. Lloro porque esa formación la querría cualquier empresa, esa experiencia serviría en cualquier sector.

Pero resulta que ese currículo, hecho a mano, me lo entregaron, a mí, en mano.

Una mujer divina.

Divina y madre.

La mía.

Calamity Jane

  • ¿Cuál de los dos logos te gusta más?
  • ¿… Ah, pero son dos? Yo no aprecio la diferencia entre uno y otro. Pero la tipografía está chula.
  • Se llama Calamity Jane.
  • ¿Como la pistolera?
  • Yes.

La diseñadora atenta me pidió que hiciera una macroencuesta sociológica para sondear la percepción de la opinión pública en torno a un tema crucial: si el logo de Atentamente debía empezar y acabar en mayúscula, o no.

Para mí es una excusa ―una más― para contárselo. Ante sus respuestas, anoto mentalmente: “No hay nada que hacer si no distingue dos diseños TaN clamorosamente diferentes.” Y luego: “Aún hay esperanza si se remueve con Calamity Jane.”

Y es que, como para no estremecerse ante la historia de esta mujer fabulosa. Martha Jane Canary nace en 1852 en Missouri ―en el centro, pelín a la derecha de EE.UU. … tipo Guadalajara―. Es la mayor de seis hermanos, que pronto quedan huérfanos, y que ella saca adelante… vistiéndose de soldado y alistándose en todas las campañas de la época. Al tiempo que trabaja de enfermera, de cocinera, de lavandera, de minera, va adquiriendo extraordinarias habilidades como pistolera y jinete.

Calamity Jane, además de muy guerrera, es muy fantasiosa; le encanta relatar, sin miedo a la hipérbole. Cuenta que cabalga como exploradora junto a Buffalo Bill, y que sirve en las campañas del general Custer ―aquí, una coda, recordada por mi periodista favorito, Jacinto Antón. Relata Antón en su librazo Pilotos, Caimanes y otras aventuras extraordinarias, que en la unidad del Séptimo de Cabellería de Custer, además de Calamity, iba el enviado especial del Bismarck Tribune Marck Kellog, quien tuvo la exclusiva de la batalla del Little Big Horn y no pudo contarla porque los sioux lo saetearon, le arrancaron la cabellera, y una oreja, ausshh―.

Idolatra, Calamity, al pistolero Wild Bill Hickok, con quien asegura tener un hijo, entre disparos y galopes. Porque la chica de Missouri es de enamoramiento súbito y, aunque se casa con Clinton Burke, ella bebe los vientos por Hickok. No duda en perseguir al asesino de su pistolero con un hacha, ni en exigir, llegado el día, ser enterrada cerca de su amado.

Calamity es una aventurera que vende caro su amor, y ay del hombre que ose ofenderla: se expondrá a tremenda calamidad.

Sus últimos días los pasa trabajando en espectáculos del salvaje oeste. Muere en 1903, y cumpliendo sus deseos, la guerrera y el pistolero yacen juntos en el cementerio de Mount Moriah, en Deadwood.

Cómo no querer tener la tipografía de una mujer aventurera, enamoradiza y fantasiosa.

Cómo no querer a quien la reconozca.

Sí quiero

Me aleccionan con que, al comienzo de los negocios, hay que decir a todo que . Esto me recuerda el “por qué decir que no cuando puede ser que sí”, que a menudo decía las manos suaves que amé.

T., morena de Julio Romero de Torres, llega a Atentamente. Pasea por la tienda de papel. Sonríe. Me cuenta:

– Pues te vengo a hacer una propuesta.

– ¿Sí?

– Me caso dentro de una semana.

– ¡Sí!

– Y quiero que me hagas el ramo, con flores de papel.

– Sííí…

El ser humano es prodigioso. ¿Por qué de mi boca sale un despreocupado y sonriente sí, cuando pienso un mayúsculo no? ¿Por qué no le he dicho que vaya a M., mi florista más favorita, a que le haga el bouquet más bonito del planeta? Será que entiendo bien su chifladura, que agradezco la confianza puesta en esta papelera en prácticas. Y que es tan hermoso que quiera vivir su día llevando entre las manos aquello que tanto ama…

“Por qué decir que no, por qué decir que no”, voy rezando mientras busco una flor sencilla, papeles de origami, el mejor pegamento en barra, la plegadora… y me pongo a hacer flores under pressure. Me despierto a medianoche, soñando que, en pleno rito matrimonial ―”Yo, T., te tomo a ti, L., por esposo”―, los pétalos empiezan a desprenderse, ¡¡pop, pop, popopopop!! Con el pulso acelerado, voy a ver cómo están las flores. Duermen plácidamente.

Ya terminadas, las llevo de puntillas a M., entendiendo a los técnicos de embalaje del Prado como a mi prójimo. “Qué bonitas son…”, y empieza a menearlas, a apretujarlas, a sacudirlas. Pongo cara del grito de Munch del wasap. Se troncha. Las ata sin miramientos. Se desprende una flor. Empiezo a llorar. “A mí también se me rompen. Venga, pégala. No llores. O sí, no pasa nada. Y disfruta del paseo hasta Atentamente con tu ramo.”

He dejado este último párrafo para intentar contar la cara de T. Morena, luminosa, viva la novia guapa. Coloca el ramo entre sus manos. Dice, muy callandico: “Es mi sueño… Tienes que poner un cartel que diga: hacemos tus sueños en papel.”

Y yo me quedo llorando solo un poco, porque aunque a veces la vida te asuste, es mejor decirle que sí, que sí quiero.

Prevalece La Alegría (PLA)

Atentamente es una bimba preciosa, gordita, se ríe con cualquier cosa, huele tan bien… Ante las rarezas de los tristes del mundo, esos que van con peana incorporada, ¿los ocupadísimos?, esos; la niña de papel abre los ojos como platos, aprieta los labios, se bambolea, parece que va a hacer un puchero… y vuelve a sonreír.

Hasta se ha inventado un mantra para repeler los envites de los cansinismos: Prevalece La Alegría (PLA).

Ejemplos:

Cámara de Comercio: “A ver: tu plan de viabilidad no puede tener notas al pie. El plan de financiación no se redacta; se monetariza. ¿Has calculado cuánto tiempo podrás soportar las pérdidas? ¿Estás segura de que este negocio es realmente viable?”

Ayuntamiento: “Estos planos son de 2008 y necesitamos planos actuales firmados por técnico competente. Tiene 10 días para entregarlos y, si no, se archiva su expediente.”

PLAAA…

El conductor de la grúa: “Oyes, te va a llegar una multa porque aquí no se pué aparcar.”

Ese peazo gañán de Iberdrola: “Uf, no sé yo, ¿dar la luz de alta?, ¿y para cuándo dices que quieres abrir?”

El candado tirado al pie de una farola: “Pringá, te acaban de robar la bici en tu jeta.”

Un váter con delirios de grandeza, el mismo día de la apertura: “Que me sofocooo, que me anegooo, que me desbordooo”―Reacción de madre: “Sin problema, nena. Atentamente es muy tradicional. Voy a comprar orinales.”―

PLAAA…

Gente en general –oro korrean, que decimos los vascos―:

  • Espabila que no llegas.
  • Esta puerta da mucho portazo, este mueble cojea, aquí hace falta luz.
  • Pues en las fotos del Facebook parece más.
  • JorJorJor las risas de media Suecia a mi espalda, descojonándose disfrutando de mi pericia con el montaje de Bestas y Hemnes.

PLAAA…

Este runrún –por fortuna, los pelmas plañideros son los menos― le persigue a diario. Sabe que se ha metido en tremendo proyecto. A veces, se cansa. Pero, como Alicia, se ha lanzado ella solita, sin pensar cómo saldrá luego de la madriguera. El cansancio se tolera. La queja, no. Y si no hay margen para la queja propia, mucho menos para la de los cansinos con peana.

Así que, tristes del mundo: dejad ya de darnos el coñazo.

Atentamente,

PLA PLA PLA : )